sábado, 1 de octubre de 2011

Como Ganar Amigos e Influir sobre la Gente





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domingo, 15 de mayo de 2011

El romanticismo patriarcal


El romanticismo patriarcal
J.V.R

El Amor Romántico

Nuestra cultura amorosa occidental es hija de la gran ola romántica del XIX, una época en la que los hombres eran ciudadanos de pleno derecho y las mujeres meros objetos de deseo. A través de la figura idealizada de la mujer los enamorados emprendían su búsqueda hacia el conocimiento, hacia la trascendencia, la belleza sublime, la felicidad eterna. La imagen estereotipada del romanticismo que compartimos es una época de abundante creatividad literaria y artística en la que los hombres son los artistas que escriben, que piensan, que pintan, esculpen y aman, y las mujeres son las amadas, damas distantes que provocan dolor. Los románticos no se enamoraban de campesinas o de proletarias, sino de princesas, mujeres etéreas confinadas en espacios asfixiantes, féminas imposibles de alcanzar por diversos motivos (están casadas, comprometidas, están reservadas a hombres de mayor rango...).

Lo que nos ha llegado del Romanticismo son los sentimientos exacerbados, la individualidad a ultranza, la profundidad y el arrebato de las emociones, el tormento que se vive desde y para el interior de uno mismo. Más que la persona amada, lo que importa a los románticos es la rebeldía contra una realidad que no se adecua a sus deseos, y por tanto, la necesidad de evasión a mundos fantásticos o paisajes exóticos. El romántico está dominado por la insatisfacción permanente del que ama y la necesidad de perder el tiempo en elucubraciones poéticas en torno a sus zozobras sentimentales. Lo motiva a crear el deseo de alcanzar cúspides utópicas, perfectas y eternas. Por eso se suicida si no lo logra, en lo que hoy interpretaríamos como una especie de tolerancia cero a la frustración, en una oposición salvaje a la realidad que se impone desde fuera.

El romántico está fascinado por la búsqueda de la fusión primigenia, el encuentro con la totalidad, pero desde el sentimiento de pérdida y desesperanza. Es un niño que quiere volver al vientre materno, un lugar lleno de paz y de necesidades colmadas, y que emplea el resto de su vida en soñar con el paraíso perdido a través de la figura de la amada. El Yo trágico se verá representado en la figura del genio, surgida en el Renacimiento, recuperada por el neoplatonismo, y exacerbada en el Romanticismo, según Rafael Argullol (1984) . En el siglo XIX, el artista genial (pensado en masculino, insisto) adquiere la clara conciencia de su total independencia de las reglas y de las normas; su arte se basa en la inspiración. El artista y el escritor romántico buscan en su Yo más profundo la materia prima de su creatividad; por eso quizás la egolatría y el deseo de grandeza del creador, que ha de demostrar que “su mundo no es este” a través de actos heroicos como el suicido o los actos de autodestrucción.

El Romanticismo, sin duda, introdujo un elemento novelesco dentro de la vida individual, una especie de neoplatonismo idealizante, un sentimiento trágico de la vida mezclado con grandes dosis de victimismo y una serie de barreras autoimpuestas para experimentar el dolor más desgarrador. En las novelas del siglo XIX sus protagonistas se desenvuelven en angustias existenciales, deseos de plenitud y desbordamiento emocional. Los románticos y las románticas necesitaban subidones de adrenalina, incendios del alma, desesperación por alcanzar la eternidad, frustración continua por no poder alcanzar la felicidad. Los enamorados se declaraban esclavos de sus amados y amadas, y cometían todo tipo de locuras y excesos irracionales por amor.

En el XIX, la novela alcanza su máxima expresión con el sentir romántico. En ella, los grandes ideales a alcanzar eran el amor y la libertad, dos abstracciones a través de las cuales lograr la autorrealización, encontrarse consigo mismo y encontrar un por qué a la existencia. A través del deseo de fusión, el romántico realiza una búsqueda de sentido, pretende hallar una respuesta a las preguntas, una forma de acabar con la incontingencia, una manera de controlar el futuro. El amor romántico es, así, un instrumento para elevarse por encima de la miseria humana y para enajenarse, evadirse, vivir otras realidades, llevar la propia hacia el extremo.

La reivindicación del Romanticismo fue la individualidad frente a la colectividad, el yo frente a la masa; es el sálvese quién pueda, por eso la actitud romántica nace con el capitalismo y la clase acomodada de la burguesía. El artista se siente desengañado del mundo, pero también se siente el centro de su mundo, el lugar desde el que se relaciona con los demás. Por ello si la realidad que se le impone no le gusta, tiene derecho a expresar su rabia, como un niño mimado, en forma de angustia sublimada.

El Romanticismo expresa un sentir dramático, una especie de tormento narcisista, una forma infantil de relacionarse con el mundo y una manera de soñar utopías irrealizables de carácter egoísta. El romántico se rebela, pero en lugar de luchar huye hacia lugares de ensueño, paisajes exóticos, atardeceres sublimes, lugares remotos donde la realidad no le alcanza. Desea cambiar el mundo, pero como no sabe organizarse políticamente con el resto de los descontentos, prefiere huir e imaginar un mundo mejor, construido imaginariamente a su medida. El poeta romántico siempre está insatisfecho, no se adapta a las convenciones, reniega de la realidad y pretende trascenderla a través del amor.

Los héroes románticos son seres solitarios, asociales; como héroes trágicos se hallan en guerra perpetua contra el universo carcelario que les rodea y que advierten también en su interior. Huyen de la soledad, pero la necesitan, del mismo modo que desean sufrir. Denis de Rougemont (1939), defiende la idea de que el amor romántico está basado en el tormento continuo, que nos eleva espiritualmente. El sufrimiento y la idea de la muerte intensifican la realidad cotidiana, dotándola así de una dimensión grandiosa. Por eso los románticos asumen el dolor y el placer como hermanos inseparables. Es más, sufren innecesariamente porque se pasan el día subyugados por la fuerza de lo subjetivo, por el narcisismo ególatra que les impide pensar en otra cosa que no sea su ego, y sus sentimientos.

El amor romántico entre dos personas, entonces, constituye una utopía emocional colectiva, porque por definición el deseo es aquello que nos mueve a alcanzar algo que no poseemos; por ello siempre, o casi siempre, va acompañado de frustración. El amor romántico es un sentimiento idealizado que utilizamos para calmar nuestro miedo a la vida y a la soledad; es un amor insaciable y además no es un fin en si mismo, sino un medio para ser feliz, para autorrealizarse, para huir de la soledad que nos acompaña toda la vida, o para sentir emociones que nos hagan sentir vivas. Pero nunca logramos que ese estado de embriaguez dure mucho tiempo, principalmente porque va acompañado de una tormenta química que se agota con el tiempo. Por eso, en general, los románticos no disfrutan del amor real, vivido en pareja, anclado a la cotidianidad; lo viven como una condena (gusto por el sufrimiento).

El Romanticismo Femenino

La posición del sujeto femenino en el Romanticismo fue muy contradictoria, porque, pese a las ansias de libertad e igualdad de los románticos, estos seguían (continuando con la cerrazón de la Ilustración) refiriéndose al sujeto masculino al hablar del ser humano. El sujeto femenino en realidad era objeto de deseo, de devoción, más que sujeto de pleno derecho, como sucedió en el siglo XII con las damas del “amor cortés”, objetos de deseo y admiración encerradas en palacios y castillos.

Por una parte, el Romanticismo parecía fomentar la participación de las mujeres mediante la revalorización del sentimiento y la individualidad, que hasta entonces habían sido considerados despreciativamente como cosas de mujeres, debilidad del espíritu, flaqueza de voluntad. Así, fue un gran avance que los hombres comenzaran a hablar el lenguaje sentimental de las mujeres y lo embellecieran, pero de algún modo se reapropiaron de ese mundo, en el que brillaron como grandes artistas, relegando a las poetas, pintoras y escritoras románticas al anonimato o a esconderse tras pseudónimos masculinos. Fue el caso de Amandine Aurore Lucile Dupin, que triunfó como George Sand. Los intelectuales románticos a menudo se burlaron de las creadoras, minimizaron el impacto de sus obras, y criticaron con saña su condición de mujeres cultas. Sin embargo, a nuestros días han llegado las novelas de Mary Shelley, las Hermanas Brönte, Jane Austen, lo que demuestra que las mujeres escribían grandes novelas de amor. Aquí se hicieron un hueco en la literatura, entre otras, Rosalía de Castro, Carolina Coronado o Emilia Pardo Bazán.

Según el estudio de Susan Kirpatrick (1991), las mujeres encontraban difícil asumir la pasividad a las que se las confinaba como objeto de deseo; su necesidad de verse como sujetos estaba en contraposición a la norma social de la mujer encerrada en el ámbito doméstico, sin posibilidad de vivir aventuras, de trascender su mundo, de dirigir libremente sus pasos hacia la felicidad, o hacia la belleza, o hacia el amor. Por ello algunas escritoras románticas pusieron al descubierto en sus novelas la falsedad y la naturaleza opresiva del modelo de la subjetividad femenina como ángel doméstico.

Con respecto a las lectoras románticas, Gilles Lipovetsky analiza en La Tercera Mujer (1999) los efectos del romanticismo y afirma que la ideología amorosa de nuestra sociedad patriarcal ha contribuido a reproducir la representación social de la mujer dependiente del hombre por naturaleza, incapaz de acceder a la plena soberanía de sí. El autor cree que el amor ocupa un lugar privilegiado en la identidad y los sueños femeninos debido principalmente a tres fenómenos: la asignación de la mujer al papel de esposa, la inactividad profesional de las mujeres burguesas, y su consiguiente necesidad de evasión en lo imaginario.

En este siglo, el amor romántico incide más en las mujeres debido a la promoción moderna del ideal de felicidad individual y la legitimación progresiva del matrimonio por amor. Muchas ven en esta institución la posibilidad de alcanzar una autonomía, de lograr la libertad a través del amor, de sumergirse en la armonía y la felicidad conyugal.. Las consecuencias de esta revolución fueron, según, el aumento de la actividad sexual preconyugal y de los nacimientos ilegítimos.

A medida que retrocedía la costumbre de imponer un marido a las jóvenes, éstas soñaban con integrar el amor en su vida matrimonial, aspiraban a mayor intimidad en las relaciones privadas, a oír hablar de amor, a expresar sus sentimientos. En el siglo XIX “no hay muchacha que no sueñe con enamorarse, con encontrar el gran amor, con dar el sí al príncipe azul” (Lipovetsky, 1999) probablemente a causa de que el romanticismo sentimental femenino se vio exacerbado por un frenesí de lectura de novelas románticas publicadas por entregas en las revistas femeninas . En aquel tiempo proliferó toda una literatura destinada a las mujeres, centrada en la vida de pareja, las pasiones, y el adulterio.

El fenómeno pronto causa alarma social, porque se piensa que estos folletines “trastornan la imaginación de la joven, dan al traste con su inocencia, provocan secretos pensamientos y deseos desconocidos”, por ello resulta imperativo controlar lo que se lee: “En las familias burguesas, los padres prohíben a las muchachas la lectura de las novelas de Loti, Bourguet, Maupassant, Zola; creyentes y anticlericales suscriben la idea de que “una joven honesta jamás lee libros de amor”. (…) Con toda evidencia, tales condenas no consiguieron sofocar la violenta pasión femenina por la lectura, y numerosas jóvenes leían a escondidas de sus padres novelas sentimentales en ediciones baratas” (Lipovetsky, 1999).

Son muchos los teóricos que afirman que las mujeres en las novelas románticas modernas poseen un gran poder, porque son independientes e inteligentes, y poseen una energía arrasadora, como es el caso de la protagonista de Cumbres borrascosas, según Lourdes Ortiz (1997), la novela más “inconformista y brutal de la primera mitad del siglo XIX”. Fue escrita por una mujer de 28 años, Emily Brontë, quien descubre una verdad que espantaba a la moral victoriana de su tiempo: los hombres y las mujeres son iguales y ambos aman con la misma pasión.

Sin embargo, lo curioso de los escritores románticos es que creaban también personajes femeninos poderosos, aunque siempre las condenaran a la muerte o el ostracismo (Emma Bovary, Anna Karenina, la Regenta, Carmen). Castigar su libertad individual y su desbordante apetito sexual y amoroso es una especie de catarsis, una forma de ahuyentar el miedo masculino al poder devastador de la fémina insaciable. Este mito ancestral representa un miedo masculino muy antiguo, ya presente, por ejemplo, en la cosmogonía griega, plagada de diosas vengativas y crueles y monstruos femeninos perversos y devoradores.

En el siglo XX los personajes femeninos se dulcifican y se pretende instaurar en el colectivo imaginario el estereotipo de la mujer buena, abnegada y entregada por completo a la aventura del amor (probablemente la única aventura que va a vivir en su vida). Sin embargo, hemos de destacar que este proceso de invasión del amor romántico en la vida de las mujeres sólo tuvo lugar en el seno de las clases medias, ya que las mujeres trabajadoras eran en su mayoría analfabetas y no tenían tiempo de entregarse al ocio romántico, ni necesidad alguna de mitificar el matrimonio, que no las sacaba de pobres. La realidad era que muy pocos proletarios y obreros podían casarse (recuerden los míseros sueldos y las interminables jornadas laborales que sufrían). Las mujeres que anhelaron el amor romántico fueron las mujeres que no tenían doble jornada laboral, ni ancianos, ni enfermos, ni decenas de chiquillos hambrientos a su alrededor.

Sólo con el desarrollo de las clases medias y la globalización en la era de los medios de comunicación de masas, el romanticismo se ha extendido por todo el planeta, gracias principalmente a la industria cinematográfica de Hollywood y sus happy end representados simbólicamente a través de la boda (el día más importante en la vida de una mujer).

El proceso de expansión del romanticismo como modelo amoroso se consolidó a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando la prensa del corazón, la literatura llamada “rosa” y las fotonovelas inundan el mercado cultural. En EE.UU. el sector de las novelas sentimentales prospera como nunca; algunas mujeres compran hasta 80 libros al año. En Italia el público de las fotonovelas se estima en 12 millones de personas; se publican 10.000 títulos entre 1946 y finales de los años 60. La famosa colección Harlequín aparece en 1958 y en 1977 alcanza una difusión de 100 millones de ejemplares.

Todas estas publicaciones difundieron a gran escala el ideal romántico femenino, y con él las virtudes de la fidelidad y la virginidad, la imagen de la “mujer Cenicienta” (Dowling, 1992) que espera realizarse tras la llegada de un hombre extraordinario. En ellas siempre se da por supuesto el deseo imperioso de la mujer por lograr el objeto de deseo (el hombre) para luego domesticar el amor, y domesticarlo a él, salvando todos los obstáculos y logrando un final feliz a través de la boda que le da una dimensión dramática y narrativa al romance.

En la actualidad el romanticismo sigue siendo tan importante para las mujeres porque nos ofrece, en forma de mitos y relatos, una especie de utopía libertaria, un ideal de pareja en el que nuestro amado nos considerará sus compañeras y nos tratará como a iguales y nos querrá para siempre, tan incondicionalmente como nuestro padre nos ama. Esta necesidad de enamorar a un hombre viene reforzada por una imposición social y económica, pues nuestro mundo está ideado para que la gente se aúne en grupos de dos, empezando por el qué dirán y terminando con las ventajas fiscales del matrimonio.

El atractivo del amor romántico para las mujeres reside, según Enrique Gil Calvo (2000), en que ellas son los protagonistas, sujetos que desean: “la absorción del otro queda integrada en la orientación característica de la “búsqueda”. La búsqueda es una odisea, en la que la identidad del yo espera su validación del descubrimiento del otro. Tiene un carácter activo y en este sentido la novela moderna contrasta con las historias medievales, en las que la heroína es habitualmente pasiva”.

Según Georges Duby, hemos sobrevalorado el amor porque implica un reconocimiento del derecho a ejercer cierto dominio sobre los hombres, porque preconiza comportamientos masculinos que toman más en consideración la sensibilidad, la inteligencia y la libre decisión de las mujeres. También Lipovetsky opina que a través del amor la mujer aspira a un reconocimiento y una valoración de sí en cuanto persona individual, incambiable, única.

Y es que el amor nos hace sentirnos protagonistas del relato, nos hace sentir especiales para otra persona, diferenciadas del resto. A menudo, una mujer que nace en una sociedad donde no se le permite trabajar o dedicarse a la investigación o la cultura, sólo alcanza prestigio a través del matrimonio. Por eso se nos educa en la cultura patriarcal para que seamos narcisistas, sumisas, dependientes y susceptibles de ser amadas y deseadas por un hombre.

Así, que como vemos, el amor romántico por un lado es transgresor y liberador (cuando el amor se impone a la ley del pater), y por otro lado reaccionario y preñado de la ideología patriarcal. En el amor romántico el uno necesita al otro para fusionarse: el mito de la media naranja nos hace creer que no somos un ser completo hasta que nos juntamos a otra mitad. Además, el romanticismo está basado en un modelo de pareja heterosexual y en la repartición de roles tradicional que crean hombres que necesitan mujeres, y mujeres que necesitan hombres. La necesidad, sin embargo, no tiene que ver mucho con la libertad y el deseo.

Y a pesar de ello, tampoco las relaciones amorosas homosexuales han logrado aún trascender el reparto de roles tradicionales, las relaciones de dominación y las luchas de poder. El amor homo y hetero comparten asimismo la idolatría del otro, el entusiasmo ante la conquista, y la posterior decepción cuando cesa la tormenta química y el paso del tiempo les descubre que el amor es un mito. El romanticismo es entonces una especie de religión individualista en la que depositamos nuestros anhelos de alcanzar la felicidad eterna.

Las mujeres hemos sido más vulnerables a la tragedia romántica porque nos han educado para que nos pasemos la vida deseando que un hombre nos salve y nos colme la existencia (como Penélope, Isolda, Melibea, Julieta, la Bella Durmiente, Cenicienta, Blancanieves…). En este sentido, las conquistas legales, jurídicas, sociales y económicas de las mujeres en materia de igualdad deben acompañarse también de una lucha por liberar al amor de la necesidad. Es decir, de lograr que las mujeres tengan otras metas en la vida más importantes que lograr un hombre que las ame, para que así puedan relacionarse con ellos en un plano de igualdad y de libertad.

A pesar de que en la posmodernidad muchas mujeres tienen independencia económica, vida social intensa y en ocasiones éxito en su desarrollo profesional, todavía son muchas las que no se sienten completas sin un hombre a su lado. Quizás porque las películas, los relatos, las canciones, nos siguen seduciendo con el mito del príncipe azul o la princesa rosa, y sus finales felices, que causan una tremenda frustración, más grande cuanto más idealizamos las relaciones de pareja. Así pues, la mayor parte de nosotras nos hemos creído el cuento de hadas; en definitiva, nos han seducido para que nuestra mayor meta en la vida sea encontrar un hombre ideal, o al menos, no quedarnos solas, como si las mujeres fuéramos dependientes por naturaleza.

Prueba de que esto no es cierto es la cantidad de mujeres viudas, divorciadas y solteras que declaran vivir mejor sin aguantar o sin ser criadas de nadie. En la madurez las mujeres se empoderan porque ya saben que la idea que les vendieron es falsa, que la felicidad no reside en otras personas sino en una misma, y ya han asumido e incluso disfrutan de la soledad y la independencia que las permite viajar, aprender, y llevar una vida intensa y al margen de una relación de dependencia mutua.

La transformación del romanticismo

Mientras el patriarcado va eliminándose de las estructuras legales y económicas de nuestra sociedad, creo que sigue sin embargo muy arraigado en la cultura, y en los relatos que nos transmiten estructuras amorosas desiguales. En la producción de sentido, en la creación cultural es donde creadores y creadoras han de aportar su granito de arena en la representación de modelos amorosos más igualitarios. Por ello creo que hay que comenzar a construir personajes femeninos que protagonizan la historia de su vida, que toman las riendas de sus problemas, que no esperan toda la vida a que las salve un príncipe azul o una princesa rosa.

Se trataría de (de)construir los estereotipos tradicionales que representan a las mujeres como seres débiles, sumisas, incapaces de hacer nada, victimistas, infantilizadas, caprichosas, y perversas. Y comenzar a representar modelos positivos de mujeres que luchan, que tienen conciencia de su poder, que crean redes sociales de apoyo mutuo, que logran que su identidad y su autoestima no varíen dependiendo de si un hombre las valora. También sería esencial construir, paralelamente, personajes masculinos que sepan compartir el protagonismo y valorar las habilidades de su compañera de reparto.

Lo ideal sería trabajar en la transformación cultural del patriarcado, paralelamente a la lucha por la igualdad política, social y económica. Así, podríamos innovar en la creación de contenidos antipatriarcales, en definitiva, crear representaciones simbólicas de relaciones amorosas menos egoístas e interesadas, y alejadas del patrón dominio-sumisión tradicional. Sólo así podremos transformar el romanticismo patriarcal, en nuestra era posmoderna, en un romanticismo igualitario, construido desde la necesidad humana de dar y recibir afecto, que en definitiva es la base del amor.

Coral Herrera Gómez



Fuente:

http://foeminas.lugo.es/artigo1_cas.htm













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lunes, 28 de marzo de 2011

TALLER DE ESTRES



Juan Carlos Medina Romero.- Psicólogo


CONCEPTO DE ESTRÉS

Se considera que una persona está en una situación estresante o bajo un estresor, cuando ha de hacer frente a situaciones que conllevan demandas conductuales que le resulta difícil llevar a cabo o satisfacer.

Es decir, que el sujeto se encuentre bajo estrés depende tanto de las demandas del medio, como de la manera en que el sujeto percibe que puede dar respuesta a esas demandas.

Desde una perpectiva científica se puede definir desde 3 ópticas:


A. EL ESTRÉS COMO ESTÍMULO

El estrés como estímulo, hace referencia a un acontecimiento estímulo que requiere una adaptación por parte de la persona.

Los estresores potenciales se dividen en:

1. Macroestresores o circunstancias crónicas: Son acontecimientos, de escasa frecuencias pero intensa magnitud que afectan a la mayoría de las personas en una comunidad: terremotos, inundaciones, crisis económicas, guerras, etc...

2. Eventos vitales estresantes o acontecimientos vitales mayores:

Se trata de estresores poco frecuentes, de alta intensidad y que afectan a un menor nº de personas: cambio de domicilio, matrimonio, traslado a otra ciudad, un hijo etc...

3. Microestresores o molestias y alegrías diarias (hassles y uplift):

Son acontecimientos de mucha menor intensidad que los anteriores pero ocurren frecuentemente ( a diario ) y tienen efectos acumulativos si la persona no sabe reaccionar adecuadamente ante ellos.

Ejemplo: llegar tarde al trabajo, discutir con la pareja, etc...

Suelen ser los más peligrosos por su efecto acumulativo y continuado por su aparente poca importancia.

Entre las situaciones estresantes podemos distinguir:

1. Incertidumbre y subestimación.

2. Sobrecarga de información.

3. Peligro.

4. Fracaso en el autocontrol.

5. Fracaso en el autodominio.

6. Amenaza de la autoestima.

7. Amenaza de la estima de otros.


B. El ESTRÉS COMO RESPUESTA DE ACTIVACIÓN

La respuesta de estrés consiste: en un importante aumento de la activación fisiológica y cognitiva, lo que favorece:

a) una mejora en la percepción de la situación y sus demandas.

b) un procesamiento rápido y potente de la información disponible.

c) un búsqueda de soluciones eficaz.

d) una mejor selección de las conductas adecuadas para hacer frente a las demandas de la situación.

e) a la vez que prepara al organismo para actuar de forma rápida y vigorosa ante las posibles exigencias de la misma.

La sobreactivación en estos tres niveles fisiológico, cognitivo y conductual, es eficaz hasta un cierto límite superado el cual tienen un efecto desorganizador del comportamiento.

Por tanto en sí misma la respuesta de estrés, es una respuesta adaptativa ante una situación difícil, en la que con mayores recursos ( o activación ) se trata de superar.

Pero si la respuesta de estrés es excesivamente frecuente, intensa o duradera, puede tener consecuencias negativas.

Todos tenemos una idea de lo que es el estrés: es un estado desagradable y negativo que se caracteriza por malestar continuo, falta de sensación de control sobre la situación, tensión, falta de concentración, irritabilidad, etc...


C. EL ESTRÉS COMO TRANSACCIÓN

Desde esta perspectiva el estrés no lo produce un suceso estresante, ni la respuesta del organismo, sino la incapacidad de ejecutar estrategias de afrontamiento adecuadas en una situación problema.

La persona evalúa una situación como irrelevante, positiva o estresante

( evaluación primaria ), entrando en juego los procesos de afrontamiento

( coping ) para manejar la situación , si es difícil ( evaluación secundaria ).


ESTRÉS Y CONSECUENCIAS PARA LA SALUD

La Psicología de la salud, es el campo de la psicología que estudia, los factores psicológicos o personales que contribuyen a la enfermedad y al bienestar.

A ENFERMEDADES RELACIONADAS CON EL ESTRÉS

El estrés facilita al bajar las defensas del organismo, las siguientes enfermedades:

- Alteraciones cardiacas.

- Asma.

- Trastorno del aparato digestivo.

- Úlcera

- Hipertensión.

- Diabétes.

- Jaquecas.

- Erupciones cutáneas o problemas de piel.

- Mareos.

- Insomnio.

- Disfunciones sexuales.

- Dolor de espalda.

- Caída del cabello.

- Dolores musculares.

B- REACCIONES DEL ESTRÉS

Nivel fisiológico

- Aumento de la adrenalina.

- Aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria.

- Aumento de la presión sanguínea.

- Aumento del colesterol y triglicéridos.

- Aumento de la actividad del tiroides.

- Aumento de la coagulación de la sangre.

- Aumento K y Cl.

- Sequedad de boca.

- Agudización del sentido del oído.

Nivel emocional

- Angustia.

- Agresión

- Cansancio.

- Depresión.

- Culpa.

- Malhumor.

- Irritabilidad.

- Ansiedad.

- Frustación.

- Hostilidad o ira.

- Desánimo.

- Impaciencia.

- Inquietud.

Nivel cognitivo

- Trastorno de concentración y memoria ( corto plazo )

- Indecisión.

- Bloqueo intelectual.

- Reacciones exagerada

Nivel conductual

- Voracidad, glotonería.

- Falta de apetito.

- Hábitos acrecentados de fumar y beber.

- Entorpecimiento o rapidez en el habla.

- Risa nerviosa.

- Temblor.

- Inquietud en las piernas.

- Arrebatos emocionales.


PERSONALIDAD, AFRONTAMIENTO Y SALUD.

CARACTERISTICAS DE PERSONALIDAD:

A. PONTENCIADORAS DE SALUD:

- Hardiness o Resistencia (compromiso, desafío y control)

- Optimismo.

- Sentido del humor.

- Motivación de sociabilidad.

- Autoeficacia.

- Autoestima.

B. FACILITADORAS DE ENFERMEDAD.

- Conducta TIPO A (impaciencia, hostilidad y control)

- Hostilidad.

- Cinismo.

- Antagonismo.

- Conducta TIPO C

- Alexitimia:

Dificultad para identificar emociones

Dificultad para comunicar emociones.

Reducción de ensueños y fantasias.

Pensamiento orientado externamente.


CLASIFICACIÓN DE GROSSARTH-MATICEK

a) TIPO 1: PREDISPOSICIÓN AL CANCER

El individuo tipo 1 se caracteriza por presentar elevado grado de dependencia conformista respecto a algún objeto o persona con gran valor emocional destacado para él (consideran a estos objetos o personas como lo más importante para su bienestar y felicidad), e inhibición para establecer intimidad o proximidad con las personas u objetos queridos.

Son personas que ante situaciones estresantes suelen reaccionar con sentimientos de desesperanza, indefensión y tendencias a idealizar los objetos emocionales y a reprimir las reacciones emocionales abiertas.

La pérdida/ausencia del objeto se mantiene como fuente de estres, ya que la persona no se desvincula definitivamente de él, pero tampoco logra la proximidad/intimidad necesaria. Predomina la hipoestimulación.

b) TIPO 2: PREDISPOSICIÓN A LA CARDIOPATIA CORONARIA.

La persona tipo 2 reacciona al estres mediante excitación general, ira, agresividad e irritación crónicas.

Tiende a evaluar de forma extrema los objetos personas perturbadoras, soliendo fracasar en el establecimiento de relaciones emocionales estables.

Las personas y situaciones importantes para el individuo suelen ser la causa principal de infelicidad, siendo valoradas emocionalmente como negativas y altamente perturbadoras.

Este tipo predispone a la CC y a los infartos cerebrovasculares (ictus).Predomina la hipeexcitación.

C) TIPO 3: HISTERICO

Son personas que alternan en cuanto a la expresión de las caracteristicas correspondientes a los tipos 1 y 2, por lo que se ha propuesto como protector tanto del cáncer como de la CC. Emocionalmente, por tanto, pasan desde experimentar sentimientos de indefensión y desesperanza a expresar ira, agresión e irritabilidad. Predomina la ambivalencia.

D) TIPO 4: TIPO SALUDABLE PROTECTOR DE LA SALUD.

Las personas en las que predomina este tipo poseen marcado grado de autonomía en su comportamiento.

Estos individuos conciben la autonomía propia y ajena como el factor más importante para el bienestar y la felicidad personal. Afrontan el estrés de forma apropiada y realista, bien mediante estrategias de aproximación o evitación del objeto querido ( permitiendo y aceptando, por tanto, la autonomía de dicho objeto ).

Predomina la autonomía personal.

E) TIPO 5: RACIONAL-ANTIEMOCIONAL.

Se define por la tendencia a emitir reacciones racionales y antiemocionales.

Este tipo de personas suele suprimir o negar las manifestaciones afectivas, encontrando dificultad para expresar las emociones.

Debería denotar predisposición a la depresión y al cáncer. Predominio de lo racional sobre lo emocional.

F) TIPO 6: ANTISOCIAL.

Se define por la tendencia a reaccionar mediante comportamientos de tipo antisocial y a veces criminales.

Este tipo se ha propuesto como un factor de predisposición al consumo de drogas.

Predomina la conducta de tipo psicopático.


EVALUACIÓN DEL ESTRÉS.

n Triple sistema de respuesta:

- Cognitivo

- Fisiológico

- Conductual.

n Fraccionamiento de respuesta.

1. Entrevistas.

2. Autorregistros.

3. Evaluacines conductuales.

4. Test Psicológicos.


TECNICAS PARA EL MANEJO DEL ESTRES

Estrategias de afrontamiento:

Los esfuerzos, tanto intrapsiquicos como orientados hacia la acción, para manejar las demandas ambientales e internas, y los conflictos entre ambas, que se evalúan como que exceden los recursos de una persona.

Sirve a dos funciones:

1. Resolución de problemas.

2. Regulación de la emoción.

A. METODOS DE AFRONTAMIENTO DIRECTO.

Implican dedicar toda la atención a un acontecimiento estresante y emplear recursos cognitivos y conductuales para provocar un cambio en el acontecimiento de manera que la situación pase de ser estresante a no serlo.

1. Afrontamiento confrontativo.

Se dirige directamente a la fuente de estrés e intenta cambiarla al instante.

P.e. expresar ira hacia la persona causante del problema, tratar de que la persona responsable cambie de idea...

2. Resolución planificada de problemas.

Consiste en la evalución de las medidas que han de tomarse para reducir o eliminar un estresor y la puesta en practica de estas estrategias.

3. Busqueda de apoyo social. Pedir consejo o ayuda a un amigo, hablar con alguien que puede hacer algo concreto...


B. METODOS DE AFRONTAMIENTO DEFENSIVO.

Estos métodos implican la evitación del acontecimiento estresante o bien una vez ha ocurrido suprimen la respuesta emocional, cognitiva y fisiologica ante él con el consiguiente reducción de su impacto.

La diferencia más importante entre LOS METODOS DIRECTOS y LOS DEFENSIVOS estriban en que los directos se orientan al cambio de la fuente de estrés, y los segundos hacia la supresión de los efectos negativos.

1. Negación

El objetivo de esta estrategia es distorsionar la realidad del estresor y volver a evaluarlo como un acontecimiento no amenazador.

2. Sentido del humor. Ante un estresor tiene dos funciones:

- Como una via de escape para la tension acumulada.

- Sirve para negar y distorsionar la realidad.

3. El ejercicio Atenúa mucho la respuesta de estres.

4. Reevaluación positiva.

La experiencia enseña, hay gente buena, cambié y maduré como persona.

5. Distanciamiento.

Tratar de olvidarse del problema, negarse a tomarlo en serio, comportarse como si nada hubiera ocurrido...

6. Aceptación de la responsabilidad.

Disculparse, criticarse a si mismo, reconocerse causante del problema.

7. Escape-evitación.

Esperar a que ocurra un milagro, evitar el contacto con la gente, tomar alcohol y drogas.

3. Apoyo social.

Se refiere a la red de amistades o personas de las que dispone un persona para acudir a ellas en momentos de necesidad, crisis o malestar emocional.

9. Autocontrol. Guardar los problemas para uno mismo, procurar no precipitarse...

10. Relajación.


TECNICAS DE RELAJACIÓN

1. Relajación progresiva de Jacobson. Tensión-relajación.

2. Entrenamiento Autógeno. Pesadez y calor.

3. Técnicas de Biofeedback. Retroalimentación de distintos parametros fisiologicos.

4. Técnicas de respiración. Al ralentizar la respiración al mismo tiempo y por simpatía se reducen los ritmos cerebrales. Buena oxigenación.

5. Visualización o relajación por imaginación.

6. Meditación Transcendental.

7. Yoga. La concentración y el darse cuenta de las distintas técnicas yóguicas reduce el nivel de activación.

8. Música.


PREVENCIÓN DEL ESTRES. Modelo ABC de la T.R.E.

MENTE HUMANA ...................................................... Metafora del ordenador

Pensamientos y creencias................................................... .. paquete de ordenes

Se basa en la premisa estoica de que la perturbación emocional no es creada por las situaciones sino por la interpretación de esas situaciones.

A-B-C

CREENCIAS IRRACIONALES C.I.

Hace referencia a aquellas interpretaciones o creencias que son ilógicas, poco empíricas o dificultan la obtención de metas establecidas por el individuo.

CREENCIAS RACIONALES C.R.

Hace referencia a aquellas interpretaciones o inferencias del individuo basadas en datos empíricos y en una secuencia cientifica y lógica entre premisas y conclusiones.

Si los A o acontecimientos activantes no produce directamente y de forma automática la C o consecuencias que pueden ser emocionales Ce y conductuales Cc ya que de ser asi, todas las personas reaccionarian de forma identica.

El elemento principal del transtorno psicologico se encuentra en la evaluación irracional, poco funcional, que hace el individuo de la realidad, de la situación que le rodea.

Dicha evaluación se conceptualiza a través de exigencias absolutistas, de los debo de y tengo que dogmáticos SOBRE UNO MISMO, OTROS o LA VIDA EN GENERAL en vez de concepciones de tipo probabilista o preferencial en los cuales el sujeto crea expectativas pero no les añade una caracteristica de dogma.

Los debo de o tengo que dogmáticos y absolutistas del pensamiento de un individuo sólo sirven para sabotear sus propósitos y objetivos básicos, ya que generan emociones y conductas que bloquean y dificultan la obtención de los mismos.

De este tipo de pensamiento irracional, dogmático se derivan 3 inferencias:

1.TREMENDISMO

La tendencia a resaltar en exceso lo negativo de un acontecimiento. (Esto no deberia ser tan malo como es).

2. NO-PUEDO-SOPORTANTITIS

La tendencia a exagerar lo insoportable de una situación.

La persona considera que si se presenta un acontecimiento ya nunca mas habra felicidad posible.

3. CONDENACIÓN.

La tendencia a condenar a los seres humanos o a la vida en general, ya que su valor está en función de su comportamiento.

Esta forma de razonar provoca pensamientos sesgados y erróneos:

1. Pensamiento de todo o nada.

2. Saltando a las conclusiones y non sequiturs negativos.

"Puesto que me han visto fallar me verán como un idiota incompetente".

3. Adivinar el futuro.

Me despreciarán siempre.

4. Centrandose en lo negativo.

Lo malo tapa lo bueno que hay en tu vida.

5. Descalificando lo positivo.

Le da las vueltas y consigue cambiar algo positivo en negativo.

6. Siempre y nunca.

7. Minimización de lo bueno.

8. Razonamiento emocional. Como me siento un idiota soy un idiota.

9. Etiquetado y sobregeneralización.

Soy un perdedor.

10. Personalización.

Seguro que si se estan riendo es solo por mi.

11. Falseamiento.

Me aceptan y alaban sin hacerlo lo bien que debería. Soy un farsante ya se darán cuenta.

12. Perfeccionismo.

No acabé de hacer totalmente bien mi tarea así que soy un desastre.